El Diario

Lo que una madre transmite

Mucho antes que los genes, una madre transmite una mirada. La que posa sobre su propio cabello, su hija la aprende viéndola.

Está la herencia que se lee en una prueba genética: la textura, la densidad, la edad a la que aparecen las primeras canas. Y está la otra herencia, la que pasa por el baño de un domingo por la mañana, y cuyo registro todavía está por escribirse.

Una hija aprende la relación con su cabello mirando a su madre.

Lo que se transmite en silencio

Aprende si una cana se arranca a toda prisa o se mira con calma. Si la cita en la peluquería llega con gusto o con la molestia de quien vive persiguiendo su raíz. Si el espejo es un lugar de inventario o un lugar de cuidado.

Todo eso se transmite en silencio. Todo se observa, y todo se integra.

Ocurre también en el otro sentido. Una hija adulta que encuentra bello su propio cabello, plateado incluido, le devuelve esa mirada a su madre. La transmisión circula en las dos direcciones, muchas veces bastante más tarde de lo que uno imagina.

Una decisión tomada a solas se vuelve identidad en el momento en que se comparte.

La generación que cambió las reglas

Las mujeres que hoy llevan su cabello gris crecieron con una ecuación sencilla: cana igual descuido. Sus madres se teñían, con frecuencia desde los primeros hilos, y el mantenimiento formaba parte del contrato social igual que planchar los cuellos.

Son esas mismas mujeres quienes hoy deciden de otra manera. Y con frecuencia lo hacen bajo la mirada perpleja de su entorno, a veces de su propia madre, a veces de sus hijos. Ese valor merece nombrarse por lo que es: una decisión estética asumida, sostenida en el tiempo.

Sus hijas crecen entonces con una ecuación distinta. Ese es el verdadero cambio de generación.

Por qué somos dos

Affrenchy tiene como fundadoras a una madre y a su hija, con veinticinco años de diferencia. De un lado la autoridad clínica y la experiencia vivida de la transición; del otro la mirada nueva, la lengua de aquí, y la convicción de que una melena plateada pertenece a la elegancia antes que a la resignación.

Hablamos dos idiomas, pertenecemos a dos generaciones, y nos explicamos las cosas la una a la otra con regularidad. Ese ir y venir es nuestro método de trabajo. Y es también, exactamente, nuestro mensaje.

Así que si estás leyendo esto pensando en tu madre, o en tu hija: esa conversación merece ocurrir. Solo en apariencia trata sobre el cabello.


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