La Revista
N.º 0226 de octubre de 2026
Con el corazón abiertoDos años para encontrar mi plateadoMedellín, eterna primaveraMi mesa: diabética y de buen dienteDel uniforme a la bata blanca8600 km, una llamada al día
La Revista Affrenchy · N.º 02
Lunes 26 de octubre de 2026
Con el corazón abierto
Maritza cuenta, con sus propias fotos, su transición hacia el plateado, cómo se alimenta siendo diabética y sus años en la Armada. Juliana Sofía le muestra Medellín y recuerda a la joven colombiana que llegó a Francia con una maleta.
Abrir el númeroEn este número
- Carta editorialNuestro álbum, abierto de par en par
01La Corona PlateadaDos años para encontrar mi plateado
02Nuestra ciudad, nuestra miradaMedellín, la eterna primavera de mi madre
03El SantuarioDiabética y de buen diente: mi mesa, día a día
04TrayectoriaDel uniforme blanco a la bata blanca
05De madre a hija8600 kilómetros, una llamada al día
Carta editorial
Nuestro álbum, abierto de par en par
Queridas lectoras, queridos lectores, para este segundo número abrimos nuestro álbum de familia. Cada foto que verá aquí viene de nuestros celulares y de nuestros cajones: selfies un poco borrosas, fotos de la Armada de Colombia, Apolo sonriéndole a la cámara. Cada historia la hemos vivido.
Mi madre, la Dra. Maritza Flórez, cuenta por primera vez por escrito su transición hacia el cabello plateado, desde el día en que guardó el tinte hasta hoy. También le explica cómo se alimenta siendo diabética y le habla de sus años en la Armada. Yo le muestro Medellín, su ciudad, y le cuento la historia de la joven colombiana que llegó a Francia con una maleta.
Elegimos hablar con el corazón abierto, porque así nos hablamos ella y yo, cada día, a 8600 kilómetros la una de la otra.
¿Y usted? Su historia importa tanto como la nuestra. Compártala en el foro de Las Affrenchys o escríbanos a contact@affrenchy.com. Con su autorización, podrá aparecer en un próximo número.
Con todo mi amor,
Juliana Sofía
Cofundadora de Affrenchy


La Corona Plateada
Dos años para encontrar mi plateado
En julio de 2024, en el Mont-Saint-Michel, guardé el tinte. Esta es mi transición, mes a mes, con mis fotos.
Por Dra. Maritza Flórez · Dermatóloga y tricóloga
@dramaritzaflorez en Instagram
Descubrí mi primer cabello blanco a los veintiocho años. Como muchas de ustedes, pedí cita para teñirme. Luego el color se volvió costumbre, y la costumbre un calendario: cada dos semanas había que retocar las raíces. Horas en la peluquería, mucho dinero, y esa pequeña inquietud permanente de ver reaparecer la línea clara.
Y eso que soy dermatóloga y tricóloga. Sé lo que teñirse una y otra vez le hace a la fibra capilar y al cuero cabelludo. Lo sabía, y seguía haciéndolo.
El día de la decisión
Mont-Saint-Michel, julio de 2024En julio de 2024 viajo por Francia con mi hija, Juliana Sofía. Visitamos el Mont-Saint-Michel y tomamos fotos, muchísimas fotos. En la pantalla veo mis raíces. Le pido a mi hija que guarde el celular.
Ella me mira, sorprendida. «¿Por qué?». Porque se me ven las raíces, y eso es feo. «¿Quién dijo que es feo?». Todo el mundo lo sabe. «Mamá, lo triste es dañarte las vacaciones por miedo a lo que los demás piensen de tus raíces».
Tenía razón. Ese día, sobre esa roca en medio de la bahía, decidí dejar crecer mi cabello gris.
Una decisión estética y, ante todo, una decisión de salud y bienestar.
Un hilo de plata que viene de lejos
Recordé entonces una frase de mi madre, Clarita: lucir en lugar de ocultar. Y a mi abuela Elisa, que llevaba su cabello blanco como una corona. En mi familia, las mujeres han dejado vivir el color de su cabello. Yo lo había escondido bajo el tinte durante años. Era hora de retomar el hilo.
Dos años, y mucha paciencia
Mi cabello me llegaba por debajo de los hombros, y el cabello crece más o menos un centímetro al mes. Necesité dos años para que el plateado llegara a las puntas.
Madrid, 2018El color
Antes
París, 2023El rubio
Antes
Mont-Saint-Michel, julio de 2024La decisión
Día 1
Cartagena, enero de 2025Las raíces
+ 6 meses
París, enero de 2026Dos colores
+ 18 meses
Barranquilla, abril de 2026Las últimas puntas
+ 21 meses
París, julio de 2026El plateado
+ 24 meses
Medellín, octubre de 2026Mi corona
Hoy
Las etapas intermedias piden paciencia. Llegó el momento de los dos colores, cuando la mitad del cabello parece de otra mujer. Hubo mañanas en que volvían las ganas de teñirme. Esto fue lo que me ayudó, tal como lo viví:
- Cambiar los cuidados. Una fibra despigmentada se comporta distinto. Transformé mi rutina: cuidados suaves y nutritivos, y productos que neutralizan los reflejos amarillos, de preferencia naturales.
- Nutrir desde adentro. El cabello se fabrica con lo que comemos: proteínas, hierro, zinc. Le muestro mi mesa un poco más adelante en este número.
- Proteger de la luz. El cabello blanco se oxida con el sol. Un sombrero en las horas de más luz, y un enjuague con agua limpia después del mar o de la piscina.
- Mirarse con cariño. Cada mañana el espejo mostraba un poco más de plateado. Aprendí a mirarlo como quien ve crecer una planta.
- Rodearse bien. Mi hija fue mi primera aliada. Elija la suya: una amiga, una hermana, o el foro de Las Affrenchys.
Lo que me dijeron, y lo que respondí
Hace poco, un colaborador me preguntó por qué llevaba así el cabello: según él, me echaba años encima. Le respondí con calma. Fue la última vez que me lo preguntó.
Durante décadas nos enseñaron que el gris era un defecto que había que corregir. Hoy, en todo el mundo, mujeres y hombres eligen llevar su cabello gris con orgullo. Este movimiento nos invita a ser auténticas y a querernos más. La belleza se ríe de las fechas de vencimiento.
Hoy mi cabello es totalmente plateado. Llevarlo así me devolvió tiempo, dinero y cierta paz. Me conecta con mi autenticidad, y con las mujeres de mi familia.
¿Y usted, en qué punto está? ¿Al principio, a mitad de camino, ya del otro lado? Cada etapa merece ser compartida.

Nuestra ciudad, nuestra mirada
Medellín, la eterna primavera de mi madre
La ciudad donde vive mi madre, donde cumplí dieciséis años, donde Apolo nos espera. Medellín, vista desde casa.
Por Juliana Sofía · Cofundadora de Affrenchy
@affrenchy en Instagram
La semana pasada le mostré Cartagena, la ciudad de mi infancia. Esta semana le abro las puertas de Medellín. Mi madre nació en Bogotá, y hoy vive en Medellín, con Apolo. Llegamos en 2017, después de nuestro año en Toronto. Yo tenía dieciséis años, y fue allí donde fundamos juntas su consultorio de dermatología.
La ciudad de la eterna primavera
Medellín se extiende en el fondo de un valle, a casi 1500 metros de altura, entre montañas cubiertas de bosque. Le dicen la ciudad de la eterna primavera: el clima es templado todo el año, alrededor de veintidós grados. Tan cerca del ecuador, los días duran lo mismo en cualquier época del año. El sol sale hacia las seis, y se pone hacia las seis.
Por eso aquí se madruga. En mi familia nos acostábamos temprano y nos levantábamos hacia las cinco. Mi madre conserva ese ritmo: su día empieza con la luz, y con Apolo.
Apolo, nuestro labrador
Con Apolo, Medellín, 2022
Maritza y Apolo, 2025Apolo es el perro de la familia, un labrador grande color crema, convencido de que el mundo entero es su amigo. Cuando llegué a Francia, lo que extrañaba tenía rostros: mi madre, mi padre, toda mi familia, mis amigos, mi idioma, y Apolo.
En Medellín, sacar a pasear al perro es también conversar con la ciudad. Los vecinos lo saludan a uno por su nombre, los desconocidos se detienen: «¡Hola! ¿Cómo está?». Se cruzan unas palabras, una sonrisa, noticias de la familia. Esa calidez humana la extraño a menudo en París.
Hoy Apolo aparece seguido en nuestras videollamadas. Seguimos convencidas de que es uno de los fundadores de esta casa.
La naturaleza, a un paso
De paseo, Medellín, 2026Lo que amo de Medellín es tener la naturaleza a un paso. El verde está en todas partes: en las calles, en los balcones, en las lomas. Las montañas que rodean el valle invitan a caminar, y a mi madre le encanta hacer senderismo allí, con su sombrero, a su ritmo.
Para subir a las lomas está el Metrocable: cabinas conectadas al metro, que pasan por encima de los barrios colgados de las laderas. Una línea sube hasta el Parque Arví, una gran reserva forestal en lo alto de la ciudad.
Y al atardecer, suba a uno de los miradores que dominan el valle. Cuando cae la noche, Medellín se enciende barrio por barrio, y la ciudad entera brilla entre las montañas.
Una ciudad en flor, una ciudad curiosa
Cada agosto, la Feria de las Flores llena las calles: los silleteros desfilan con inmensos arreglos de flores cargados a la espalda, una herencia de los campesinos de Santa Elena, en lo alto de la ciudad.
En el norte, el Parque Explora despierta la curiosidad de grandes y chicos. Este museo interactivo de ciencia alberga el acuario de agua dulce más grande de Suramérica, con cientos de especies de las aguas colombianas. El Jardín Botánico queda justo al lado, para seguir el paseo a la sombra de los árboles.
Si viene a Medellín
- El Metrocable, para ver el valle desde arriba, hasta el Parque Arví.
- Un mirador al atardecer, para ver cómo se enciende la ciudad.
- El Parque Explora y su acuario, y luego el Jardín Botánico, uno al lado del otro.
- La Feria de las Flores, en agosto.
- Un café de Antioquia, con una arepa recién hecha.
Una familia, montañas, y una ciudad que ama a los perros
Medellín, 2024Medellín, para mí, son ante todo rostros: mi madre, mi familia, los vecinos que preguntan cómo está todo. Son montañas verdes en cada esquina. Y es una ciudad que ama a los perros.
En Colombia, casi dos de cada tres hogares tienen mascota. Medellín ha hecho del cuidado de los animales un orgullo: su centro de bienestar animal, La Perla, es el más grande del país. Cuida a más de dos mil perros, y entre enero y julio de 2025, casi mil animales encontraron allí una familia.
Apolo tiene la suya: nosotras. Cada vez que vuelvo a casa, mi madre me espera, y Apolo con ella.

El Santuario
Diabética y de buen diente: mi mesa, día a día
Soy diabética, y me encanta comer. Así organizo mis días, del jugo verde de la mañana a la proteína de las seis.
Por Dra. Maritza Flórez · Dermatóloga y tricóloga
@dramaritzaflorez en Instagram
Soy diabética. Lo escribo aquí con sencillez, porque muchas de ustedes también lo son, o viven con alguien que lo es. La diabetes me enseñó a mirar mi plato como médica. Y lo sigo mirando con apetito.
A Hipócrates se le atribuye una idea que hago mía cada día: su mejor medicina es el alimento. Importa lo que como, e importa igual el orden en que lo como a lo largo del día.
En la mañana, primero la fibra
Lo primero que toca mis labios en la mañana es la fibra: un jugo verde licuado con toda su fibra, verduras salteadas con los huevos, una fruta entera, avena, semillas de chía o de linaza.
La fibra alimenta a las bacterias buenas del intestino y hace más lenta la absorción de los azúcares. Así la glucosa sube despacio, en lugar de dispararse de golpe. Para una diabética, esa estabilidad lo cambia todo. Para la piel también: los picos repetidos de azúcar alimentan la inflamación.
Lo primero del día es la fibra. Lo último, hacia las seis, una muy buena proteína.
En el plato, el orden importa
En el almuerzo empiezo por las verduras, sigo con la proteína y termino con las harinas. Este orden sencillo ayuda a que la glucosa se mantenga estable después de comer. Las frutas me las como enteras, con cáscara cuando se puede: su fibra hace el trabajo.
En la tarde, una buena proteína, temprano
Hacia las seis, mi última comida es una proteína de calidad: pescado, huevo, pollo, carne magra, o las leguminosas de nuestra tierra, lentejas, fríjoles, garbanzos.
La proteína aporta los aminoácidos con los que el cuerpo fabrica la queratina del cabello y de las uñas, y el colágeno de la piel. Comer temprano le da tiempo a la digestión antes del sueño, el momento en que la piel y el cabello se reparan.
Mi cocina colombiana, adaptada
A la mesa, Medellín, 2018Conservo los sabores de mi tierra. Los fríjoles son un tesoro de fibra y proteína. La arepa sigue en el menú, en porción pequeña, con huevo y aguacate. Y el hogao, esa salsa de tomate y cebolla que perfuma la cocina colombiana, le da sabor a casi todo.
Después de comer, camino
De diez a quince minutos de caminata después de comer ayudan a los músculos a usar el azúcar de la sangre. En Medellín tengo el mejor compañero: Apolo.
El café, con moderación
Me encanta el café, como a muchas colombianas. Una taza, a veces dos, y mucha atención a lo que lo acompaña: el azúcar y la repostería suelen pesar más que el café mismo.
Cada caso de diabetes tiene su historia, y cada persona su contexto. Su plan de alimentación se construye con su médico. Lo que comparto aquí es mi mesa, y lo que me funciona a mí.
La receta de la semana
Las lentejas con limón están entre mis platos preferidos: fibra, proteína, hierro, y la vitamina C del limón, que ayuda al cuerpo a absorber ese hierro. Las preparo con hogao, a la colombiana.

Trayectoria
Del uniforme blanco a la bata blanca
Más de veinte años en la Armada de Colombia, como médica y luego Capitán de Navío. Lo que el mar, el sol y la disciplina me enseñaron.
Por Dra. Maritza Flórez · Dermatóloga y tricóloga
@dramaritzaflorez en Instagram
De niña, en Bogotá, cuando me preguntaban qué quería ser de grande, respondía enseguida: médica. Mi madre, Clarita, siempre me animó a construir mis sueños. A los dieciséis años entré a la facultad de medicina.
La Armada, mi segunda escuela
Joven oficialSiendo una joven médica, entré a la Armada Nacional. Allí aprendí el rigor, la puntualidad y el sentido del servicio. También viví experiencias que pocos médicos conocen: el entrenamiento de campo, la cara pintada de camuflaje, el buceo, las ceremonias en uniforme blanco bajo el sol del Caribe.
En entrenamiento
BuceandoFue en la Armada donde conocí a Mario, el papá de mi hija. Él también era militar.
Cuidar la piel bajo el sol del Caribe
Médica de la ArmadaMe especialicé en dermatología, y durante más de diez años dirigí el servicio de dermatología del Hospital Naval de Cartagena.
En Cartagena el sol brilla todo el año. Mis pacientes, marinos, militares y familias, vivían junto al mar, expuestos a la luz, a la sal, al calor. Vi de cerca lo que la luz le hace a la piel y al cabello, día tras día. Es una lección que hoy transmito en Affrenchy: el cabello blanco, despigmentado, necesita una protección especial contra la luz.
Veinte años de moño
Ceremonia, Barranquilla, 1997Durante todos esos años, mi cabello vivió bajo la gorra, recogido en un moño impecable. Y teñido, ya entonces. Hoy me cae sobre los hombros, totalmente plateado.
Me retiré con el grado de Capitán de Navío, después de más de veinte años de servicio.

Toronto, y luego Medellín
Al retirarme, me fui a Toronto con Juliana Sofía, que tenía quince años. Ella entró al colegio; yo estudié idiomas e hice otros cursos para mi carrera. Lejos de nuestra familia, en un país nuevo, nos volvimos inseparables.
Después volvimos a Colombia, a Medellín. En 2017, con mi hija, que tenía dieciséis años, fundé mi consultorio, Maritza Flórez Dermatólogo. Allí preparo yo misma mis fórmulas magistrales, a la medida, para la piel y el cabello de cada paciente.
Medellín, 2026Lo que conservo de la Armada
Veintidós años de práctica después, conservo tres cosas de la Armada. La disciplina, que me ayudó a atravesar dos años de transición capilar. El sentido del servicio, que me hace disfrutar cada consulta. Y la certeza de que una mujer tiene su lugar en todas partes, de uniforme o de bata blanca.
Mi bata blanca reemplazó al uniforme. Y mi cabello recuperó su color original: el plateado.

De madre a hija
8600 kilómetros, una llamada al día
Juliana Sofía en París, Maritza en Medellín. Dos voces para contar la distancia, y todo lo que nos acerca.
Por Maritza y Juliana Sofía
@affrenchy en Instagram
Entre París y Medellín hay 8600 kilómetros, un océano, y siete horas de diferencia en verano, seis en invierno. Desde enero de 2020, esa es la distancia entre una madre y su hija. Y cada día, una llamada la atraviesa.
Juliana Sofía: una maleta y un sueño de niña
París, 2026De niña, cuando me preguntaban qué haría de grande, respondía: vivir en París. En junio de 2018, mi madre y yo hicimos juntas un primer viaje a Francia. El 14 de enero de 2020 volví sola, con una maleta. Pensaba regresar a Colombia seis meses después, a más tardar en Navidad.
Luego llegó el covid. Pasé la primera cuarentena en Grenoble, donde aprendía francés en el centro universitario de estudios franceses. En total, pasé más de dos años lejos de mi madre, y casi tres lejos de mi padre y de mi país.
Quería estudiar lenguas extranjeras. Había elegido alemán, con una sola palabra en el bolsillo: danke. Rechazaron mi solicitud, y la respuesta llegó tarde, en plena cuarentena, cuando las inscripciones se cerraban en todas partes. Les escribí a todas las facultades de Francia. La facultad de Derecho de Nantes me dijo que sí.
Llamé a mi madre, y luego a mi padre. Él estaba especialmente feliz: estudiar Derecho había sido su propio sueño, antes de la Armada.
Dos años después, ya con mi primer diploma de Derecho en el bolsillo, supe por un amigo de la admisión paralela a las escuelas de negocios. Presenté el examen y entré a SKEMA Business School. Este verano me gradué del Programa Grande École, con doble titulación, un MSc en Corporate Financial Management. A los dieciséis años había cofundado con mi madre su consultorio, y desde entonces he velado por su estrategia: estos estudios le dieron herramientas a esa pasión.
Francia me enseñó las estaciones. En invierno, mucha gente sale a trabajar antes de que salga el sol y vuelve a casa cuando ya se puso: para una colombiana acostumbrada a los días del ecuador, fue todo un descubrimiento. También aprendí a reinventar mi cocina con otros ingredientes, y a relacionarme con la gente de otra manera, más reservada, más independiente. Distinta, simplemente.
Maritza: siete horas, y una llamada al día
Nantes, 2022Cuando mi hija se fue, la acompañé con todo el corazón: ese sueño era suyo desde niña. Pensábamos vernos unos meses después. La pandemia se alargó, cerraron las fronteras, y durante más de dos años abracé a mi hija a través de una pantalla.
Entonces inventamos nuestro ritual: una llamada, cada día. Yo me levanto temprano; en París ya es de tarde. Hablamos de todo: de sus estudios, de mis pacientes, de lo que comimos, del clima a cada lado del océano. Apolo se asoma seguido a saludar en la pantalla.
El 5 de febrero de 2022 me reencontré con mi hija en París. Nos tomamos una selfie al pie de la torre Eiffel, con las cabezas juntas. Luego viajamos juntas a Estambul y a Capadocia, y fui a conocer Nantes, su ciudad de estudiante.
Estambul, 2022
Capadocia, 2022Ser la madre de una hija que vive lejos es aprender a amar de otra manera. La dejo construir su vida, y sigo presente, cada día, a mi manera.
Juntas: lo que nos mantiene cerca
Desde entonces nos vemos varias veces al año, en París, en Medellín o en otra parte: el álbum de viajes de nuestra página ya reúne treinta ciudades. Estas son nuestras costumbres, por si usted también quiere a alguien que vive lejos.
- Una cita fija. El mismo momento cada día, aunque sean cinco minutos. La constancia cuenta más que la duración.
- Compartir lo cotidiano. Una foto del mercado, del cielo, del perro. Las cosas pequeñas tejen el vínculo.
- El próximo viaje. Planéelo apenas termine el anterior: una fecha que esperar lo cambia todo.
- La misma receta, el mismo día. Las lentejas con hogao de este número, por ejemplo, cocinadas a ambos lados del océano.
- Las palabras. A distancia, valen doble. Díganse las cosas.

Para nosotras, la distancia tomó otro sentido: mide todo lo que tenemos que contarnos.
¿Y usted, vive lejos de una madre, de una hija, de un hijo? Cuéntenos cómo mantiene el vínculo.
Las Affrenchys
El número se cierra, la conversación empieza
En el foro de Las Affrenchys, cada sección continúa: sus preguntas sobre el cabello plateado, sus recetas, sus viajes, sus lecturas.
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El N.º 03 sale el lunes 2 de noviembre de 2026, directo a su correo.
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Affrenchy, cada día
Lo que pasa en la casa, los consejos de la Dra. Maritza Flórez y la vida de Las Affrenchys, cada día:
La Revista Affrenchy · N.º 02 · 26 de octubre de 2026. Dirección de la publicación: Juliana Sofía Bernal Flórez. Sección científica: Dra. Maritza Flórez, dermatóloga y tricóloga. Fotografías: el álbum familiar de Maritza y Juliana Sofía.
Esta revista informa e inspira. Para cualquier situación personal, su médico sigue siendo su mejor aliado.